Las competencias en programación y robótica transforman a las personas de consumidoras a creadoras de tecnología. Al fomentar el pensamiento computacional, permiten descomponer problemas complejos, estructurar soluciones lógicas y conectar el código con el mundo físico a través del hardware.
Más allá de la ingeniería, estas habilidades emergen como un nuevo medio de expresión artística (arte interactivo, instalaciones cinéticas) y son transversales a áreas como la biología, la medicina, la arquitectura y el diseño, facilitando la resolución de desafíos interdisciplinarios del mundo real.